domingo, 11 de febrero de 2018

ROMÁNICO EN CANTABRIA 1

Cuando hablamos del románico cántabro tenemos la costumbre de asociarlo inmediatamente con el erotismo, pero son muchos los templos románicos cántabros que reclaman una atención más profunda”
En Cantabria es frecuente encontrarse con un románico en el que el erotismo aparece plasmado con gran realismo.  En muchas iglesias levantadas en las últimas décadas románicas, (Cervatos, Santa María de Yermo, San Cipriano de Bolmir, Santa María de Bareyo…) abundan las figuraciones relacionadas con el sexo que sin ningún subterfugio artístico son mostrados directamente.

En las iglesias románicas de Cantabria podemos contemplar una serie de capiteles y canecillos que no tienen parangón en este sentido con el resto del románico español.  El realismo erótico del románico cántabro es plasmado en algunos de los templos que jalonan las diferentes rutas de nuestra provincia, dándose la circunstancia que la mayoría se diera principalmente en una zona determinada.



El románico cántabro se extiende principalmente por los valles interiores.  No obstante, en costa y sus entornos también podemos ver numerosos ejemplos, aunque a excepción de la colegiata de Santillana estos suelen ser más tardíos. El río Besaya atraviesa Cantabria de norte na sur y cuente con varios templos muy interesantes y más altamente cualificados.
Las iglesias más relevantes de esta cuenca son; la de San Cosme y San Damián en Bárcena de Pie de Concha,  Santa María de Yermo, y San Facundo y San Primitivo en Silió.  Aunque hay otras muchas que si no tienen tanta importancia como estas, si disponen de interesantes restos románicos. 

No es el románico un estilo que pueda marcar grandes diferencias, a pesar de que, paradójicamente, no exista ni una iglesia igual a otra…   El románico cántabro estaría incluido en este primer aire, pero, insisto, siempre con las peculiaridades de cada monumento.


Las iglesias románicas en Cantabria se construyen en los siglos XI, XII, hasta finales del XIII, por ello sus mejores fábricas se suelen encontrar en aquellas entidades religiosas más destacadas.  En nuestra región las principales iglesias románicas estuvieron en los monasterios que prácticamente dominaron toda nuestra provincia. pero algunos con sus reformas acabaron con las primitivas construcciones románica.   Es el caso de Santo Toribio de Liébana que la cambió a mediados del siglo XIII por la gótica que ahora vemos; o Santoña que también fue reformada en  siglos posteriores  aunque otras importantes, como Santillana, Castañeda, Cervatos, Piasca, o San Martín de Elines las han conservado casi totalmente en su primitiva traza románica.


Así en nuestra región podemos señalar un foco románico a lo largo de la costa, siguiendo el viejo camino a Santiago, vigente en los siglos IX y X, destacando como las más importantes, las de San Román de Escalante y Santa María de Bareyo, ambas de finales del siglo XII, con notable conjunto escultórico, y la de Santillana del Mar, que tiene en su colegiata el más valioso monumento.


Otra ruta importante es la del río Besaya, vía antiquísima, ya utilizada por los romanos, que ponía en comunicación la costa con la meseta.  A lo largo de este valle aún perviven interesantes iglesias románicas, como la de Santa María de Yermo, viejo monasterio ya con vida en el siglo IX,  y con uno de los pocos tímpanos decorados que Cantabria puede exhibir. Según la inscripción en la jamba derecha de la portada fue construida en el año 1203

 Siguiendo hacia el sur, están las parroquias de San Juan de Raicedo, con maestros que trabajaron en Cervatos, San Andrés de Cotillo, ermita de San Lorenzo de Pujayo, que hoy podemos visitar en Molledo, San Facundo y San Primitivo de Silió, San Martín de Quevedo, Santos Cosme y Damián en Bárcena de Pie de Concha y San Andrés de  Rioseco.  Casi todas pequeñas iglesias de concejo que, salvo excepciones, pueden colocarse en la primera mitad del siglo XII.


El tercer foco románico de Cantabria, con gran importancia, es el de los valles de Campoo, Valdeolea, Valdeprado y Valderredible, con numerosas iglesias completas o con restos interesantes, como Cervatos, la bella y conocida colegiata de Campoo.  Junto a ella las iglesias de Bolmir y Retortillo, la primera, obra de canteros que trabajaron en Cervatos, y la segunda, ya del siglo XII avanzado, con una extraordinaria colección de canecillos en sus cornisas, de buenos maestros del foco palentino de Aguilar.  Valdeolea y Valderredible poseen numerosas iglesias que forman un conjunto también muy relacionado  con lo aguilarense.


Sin duda Liébana fue en aquellos siglos románicos otro importante foco románico de Cantabria.  Quedan restos de iglesias que lo testimonian y un viejísimo monasterio dúplice, Santa María de Piasca, digno de visitarse porque mantiene seguramente la escultura más bella y evolucionada de nuestro románico. 


Menos numeroso en ejemplos, pero sin duda alguno de gran importancia, es el foco del Pas-Pisueña, en el que destaca sobremanera, la Colegiata de Castañeda, pero que también merece la pena visitar, las de Argomilla y Santa María de Cayón que conservan muy buenos restos románicos.
   Nos hemos encontrado con templos cuya decoración escultórica se encuentra al mismo nivel que su importancia  casos de Santillana o Cervatos, sin embargo, podremos descubrir magníficos ejemplos en iglesias aparentemente pobres. 

Los temas decorativos son amplísimos, desde los puramente vegetales hasta los historiados con temas profanos, pasando por seres fantásticos, lucha entre hombres y animales y motivos obscenos.  Los temas iconográficos sacros más representados serán los de Adán y Eva, Daniel entre leones, Sacrificio de Isaac, del Antiguo Testamento, y la Epifanía, Matanza de los Inocentes, y Marías ante el Sepulcro, del Nuevo Testamento, y la iconografía de los santos propios de la zona.




Santa María de Yermo



La iglesia de Santa María de Yermo es un pequeño templo rural que sorprende por su buen estado de conservación y por la  calidad de la decoración de sus elementos escultóricos.  Como tantas otras de la región se trata de una iglesia de nave única, amplio  presbiterio recto y ábside semicircular. En sus orígenes fue un monasterio, pues sabemos que por el siglo IX, consta en archivos, que en el año 853 fue cedido por sus fundadores los obispos Severino y Ariulfo al obispo Serrano de Oviedo, “facimus kartulam testamenti de monasterio nostro vocabulo Sancta María de Ermo quod fundavimus in Asturias territorio Camesa in valle qui dicitur Quo”.
En cuya donación se especificaba que la casa había sido fundada por ellos mismos y que incluían también otras propiedades vinculadas al monasterio, entre ellas podía estar la ermita de San Jorge de Viérnoles, (desaparecida en el año 1936).  En 1031 se menciona al abad Poncio de Yermo, por lo que podemos considerar que en esa fecha todavía tenía actividad.

Presenta una planta con una sola nave y ábside semicircular con presbiterio recto.  En el exterior de la iglesia destaca la fachada sur, donde se sitúa la puerta de ingreso en arco apuntado, con cinco arquivoltas decoradas; la primera con baquetones paralelos; la segunda lleva un baquetón y una escocia adornada por una fila de bolas; la tercera con una escocia adornada con puntas de diamante, alternando con dientes de sierra; la cuarta es una escocia con tres finos baquetones; y la quinta, un grueso baquetón. El conjunto se cubre con un guardapolvo con motivos geométricos.




Los cuatro capiteles que sustentan estas arquivoltas están decorados. Los dos de la izquierda presentan, el más exterior una lucha de jinetes separados por una mediadora que separa a los dos contendientes y el interior un león y un grifo luchando. En los dos capiteles de la derecha, el del interior, presenta la conocida escena de Daniel entre los leones,  y en el  otro, dos leones con sus cabezas en alto.





Uno de los elementos más importantes es su impresionante tímpano, labrado interior y exteriormente, caso único en el románico cántabro. En él se representa la escena de un caballero armado, con cota de malla,  casco,  escudo y lanza, que resiste el ataque de un dragón alado, que muerde el escudo del caballero





La portada está protegida por un tejaroz apoyado en nueve canecillos de proa de nave. Las ventanas que se abren en este muro son  plenamente románicas, abocinadas y dobladas, con decoración de ajedrezado  en los guardapolvos.  Sobre cada una de ellas aparece colocada en la figura animal, en la izquierda vemos una cabeza de león y en la derecha una  leona con dos cachorros entre las patas.




Bajo la cornisa entre dos canecillos aparece un relieve formado por dos arquillos separados por columnas; entre estos arcos aparecen dos figuras femeninas y está coronado por una inscripción en la que se puede leer “SANTA MARINA”  Un poco más a la derecha aparece otro relieve quizá un poco más tosco, es una imagen de la Virgen con el Niño sobre sus rodillas.


  

Este muro sur aparece coronado  por una cornisa apoyada en una buena colección canecillos decorados. Vemos entre otros;  un águila que apresa una liebre, un  osezno, un hombre  que lleva una lanza y toca un cuerno, un ballestero, un rabelista y una panderetera,  un saltimbanqui femenino contorsionándose, un personaje itifálico y otro representando la avaricia,  una mujer impúdica,  una pareja abrazándose, un ave, etc. todos ellos en un excelente estado de conservación.



El ábside se divide horizontalmente en dos cuerpos por medio de una imposta de caveto decorada, sobre la que apoya una buena ventana que presenta un arco apuntado decorado con entrelazos y dos capiteles de los que sobre todo el izquierdo son de excelente talla. 



 Presenta en un lateral una pareja abrazándose; en el ángulo una persona femenina y en el otro lateral vemos a otra mujer con barbuquejo que parece estar conducida por un hombre con una espada. El otro capitel está bastante deteriorado, al igual que los cimacios y las impostas.


                                   
Los canecillos del ábside están decorados con figuras geométricas, con bolas con caperuza, rollos, de proa de nave cabezas humanas, lectores, un cabrito tocando un instrumento musical, una pareja en postura indecorosa, etc.  En el presbiterio norte también podemos ver algunos canecillos decorados pero bastante sencillos.


En la jamba de la puerta de acceso al interior se ha grabado en unos sillares una inscripción que nos indica la fecha fundacional de la iglesia y el nombre del maestro constructor.  “ERA MCCXLI/DE SANTA MARIA/ESTA IGLESIA/PETRO QUINTANA ME FECIT/PATER NOSTER POR SU ALMA”  Es decir que fue construida en 1203,  (sabemos que hay que descontar 38 años para acoplarlo a nuestra era), por Pedro Quintana uno de los pocos maestros arquitectos conocidos de esta época


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Una vez atravesada la puerta observamos la parte interior del tímpano, que muestra básicamente la misma escena pero se deduce que están realizadas por autores diferentes. Aquí el caballero hunde la espada en el pecho a la fiera que aquí es un león y tiene clavada una espada y las tripas fuera.



Pasando al interior nos encontramos con su arco triunfal que es apuntado y doblado, cobijado bajo un guardapolvo decorado con aspas y puntas de diamante, que descansa sobre dos buenos capiteles historiados.  



El de la columna izquierda presenta en la cara central un Pantocrátor que como los vistos en otras iglesias porta un libro en su mano izquierda, mientras la derecha está en actitud de bendecir. En el  capitel derecho vemos  una representación de la Adoración de los Reyes Magos, con el centro ocupado por la Virgen sosteniendo al Niño, y  San José aparece de pie con manto; a continuación aparecen los tres reyes Magos a caballo en posiciones que tienen que ajustarse a la ley del marco.




Un retablo barroco nos oculta parcialmente la ventana del ábside, y la imagen de la Virgen patrona del templo nos impide ver sus capiteles.  Por suerte en la fiesta del pueblo bajan la Virgen de su pedestal y puedes aprovechar para hacer unas fotos de dichos capiteles. 



 Éstos representan a un saltimbanqui haciendo contorsiones al son de los músicos, un rabelista y una mujer tocando la pandereta cuadrada y en el otro capitel vemos una escena de lucha deportiva entre dos hombres, mientras que una mujer detrás de ellos parece no inmutarse.                             

Las cuatro Colegiatas


 Cántabras

Santillana del Mar

Este templo no sólo es la construcción románica más importante de Cantabria, sino que debe considerarse también como la propia razón de ser de la villa. Está dedicado a Santa Juliana, que sufrió martirio en Bitinia (actual Turquía) en tiempos del emperador romano Diocleciano. 
                              

             Como es habitual en estas tradiciones, los restos de la mártir llegaron a estas tierras tras un largo y complejo peregrinar. De ello se tiene noticia ya en un documento de finales del siglo X, que cita la existencia de un monasterio dedicado a la santa en un lugar llamado Planes, al que la santa dio nuevo nombre a partir del suyo propio (Sant Iuliana)



Por el exterior el edificio muestra una imagen inconfundible gracias a la disposición de sus torres y la larga galería de quince arcos que le da cierta gracia y un aire propio. La portada, fue reformada en una época posterior y está rematada con un frontón triangular en el que podemos ver la imagen de Santa Juliana.
  
 Mirando hacia la cabecera del templo vemos su esbelta torre cilíndrica adornada con una ventana geminada y el magnífico cimborrio que corona el crucero, con arquería ciega. A los pies de la iglesia podemos ver la torre de las campanas. Todos estos  elementos dotan al conjunto de la colegiata una grandeza que rara vez se encuentra en los templos románicos.  






La cabecera, compuesta por tres ábsides, que corresponden uno a cada nave, es quizá lo más valioso del conjunto arquitectónico. El central de mucha mayor altura que los laterales. El ábside izquierdo es quizás el más completo de los tres, está dividido en dos cuerpos por medio de un a imposta ajedrezada, sobre la que se han ubicado dos extraordinarias ventanas dobladas, decoradas con guardapolvo y arquivoltas de bolas que apoyan en sendas columnas cilíndricas con sus correspondientes basas, cimacios y capiteles. 



Estos son sencillos, decorados con espirales el izquierdo, mientras que en el derecho se repiten las espirales, acompañadas de un ave en el ángulo. La cornisa de este ábside se sostiene por medio de diez canecillos figurados a los que acompañan los capiteles de las columnas entregas que dividen sus calles.


Todo el conjunto descansa sobre cuatro largas columnas cilíndricas con basas. La cornisa está sustentada por una veintena de canecillos, aparte de los cuatro capiteles de las columnas. Son todos iconográficos y entre ellos podemos observar temas relacionados con el mundo animal y vegetal, aparte de figuras humanas, que representan el Bien y el Mal. El ábside derecho, o no se llegó a concluir o fue modificado posteriormente. 


El ábside central, como hemos dicho, es de mayor altura y se articula horizontalmente en tres cuerpos, que está divididos por dos impostas de ajedrezado, mientras que verticalmente lo hace por medio de cuatro columnas que llegan hasta la cornisa, siendo coronadas por un capitel que ayuda a sustentar el alero.  En cada calle se abre una ventana de arco de medio punto doblado. Llevan dos arquivoltas de grueso baquetón y guardapolvo de ajedrezado que apoyan sobre cimacios ajedrezados, que a su vez lo hacen sobre capiteles historiados, de tejido de malla, de acantos, vegetales, etc. 

Siguiendo el camino hacia la izquierda, nos encontramos con la torre cilíndrica que está dividida en cuatro cuerpos por medio de tres impostas; las dos inferiores de ajedrezado jaqués, mientras que la superior es una simple moldura nacelada. En el cuerpo superior se abre una ventana ajimezada que lleva columna y capitel en el parteluz. Coronando la altura de la iglesia, encontramos la linterna prismática, que está dividida en dos cuerpos por medio de una imposta de rombos


En el cuerpo superior vemos una sucesión de arcos ciegos que apoyan sobre columnillas y capiteles. La cornisa que corona la linterna está decorada con rombos y está sustentada por una buena colección de canecillos de muy variada índole; vegetales, figurativos, de caveto, de animales, etc.



La portada ubicada al mediodía, se presenta en un cuerpo adelantado del muro, muy rehundida a pesar de llevar tan solo dos arquivoltas de medio punto, sencillísimas en las que no se ve ningún tipo de decoración, ni siquiera el casi obligatorio guardapolvo. 


Estas arquivoltas se apoyan en un par de capiteles a cada lado, en los que a pesar de su deterioro podemos observar unos cuadrúpedos enfrentados a varios basiliscos. Sobre esta portada,  vemos un pequeño Pantocrátor almendrado al que sostienen cuatro ángeles. 


En el vértice del frontón se sitúa una imagen de Santa Juliana y a los lados del Pantocrátor, doce figuras en relieve, casi irreconocibles, que pudieran ser los doce apóstoles.

Sin duda,  la pieza maestra y el más románico vestigio de la vieja iglesia de Santillana, es su extraordinario claustro. Estampa perfecta, de  belleza reposada y su húmedo silencio.  Una enorme  quietud se remansa en el espacio claustral, donde crecen trabas la hiedra y la hierba regada por las lluvias cantábricas. 
En su recinto, podemos contemplar las tres maravillosas galerías, ya que la de la panda este no se pudo terminar. Todos sus arcos son de medio punto que descansan sobre columnas pareadas rematados por capiteles iconográficos, historiados y vegetales. 


Aquí, tanto el mero curioso de arquitectura, como el aficionado al arte, el que busca emociones visuales, o el que gusta de evocar historia, tienen igualmente campo abierto para ensanchar su espíritu.


Este último gran espacio de la colegiata que conforma el claustro, está adosado a la nave norte de la iglesia. Se trata de una obra inacabada del románico de los siglos XII y XIII, y está considerado por muchos especialistas como la obra maestra de la colegiata.

Formando un rectángulo irregular, ligeramente trapezoidal, este claustro se inserta en la tradición de los del Camino de Santiago y destaca sobre todo, por la variedad y belleza de los relieves que decoran sus capiteles; aunque a algunos escritores, lo que más impresionó del recinto, fue la estampa románica que ofrece el conjunto.

Por su cronología,  la galería sur y gran parte del ala oeste, los debemos situar en pleno siglo XII, pues sus capiteles historiados los más atractivos de todo el claustro; el resto del ala oeste y todo el ala norte, ya son de época posterior, de principios del  siglo XIII, y en la decoración de  sus capiteles predomina  el  tema vegetal  con los entrelazos geométricos.

Por su estado de conservación, podemos considerar que este claustro de Santillana es uno de los mejores ejemplos románicos de la península, pese a que al parecer quedó inacabado pues su ala este no se pudo concluir o fue destruida posteriormente. Todos los arcos descansan en columnas dobles y cuádruples, fuertes y robustas, asientan sobre bases áticas. 

Los capiteles son alargados, de bloque continuo, y los cimacios son todos lisos, sin decoración y de poco vuelo. Como ya hemos dicho, sobre estos capiteles arrancan unos arcos de medio punto, aunque algunos ya presentan un ligero apuntamiento debido al parecer a la reparación a que el claustro fue sometido a comienzos del siglo pasado.

Por lo tanto este claustro ha sido siempre uno de los principales encantos de Santillana. Tiene la virtud de envolver al visitante en un ambiente de recogimiento. Los cuarenta y nueve los capiteles tallados en este claustro (cincuenta según mis cálculos, ya que uno apareció hace unos años en un museo de la villa) en su mayoría representan temas puramente ornamentales.
Para describir un poco la talla de estos capiteles, comenzaremos por el ala más antigua, o sea, el ala sur. En ella podemos ver las representaciones del Pantocrátor, rodeados del Tetramorfos y de algunos apóstoles; el Bautismo de Cristo; la Degollación de San Juan Bautista; Daniel en el foso de los leones; el descendimiento; una despedida de un caballero de su dama; Sansón desquijarando el león; un soldado atravesando son su espada a un león; un caballero luchando contra un dragón; un pastor ahuyentando al lobo, serpientes con enormes fauces, vegetales y entrelazos.
Galería oeste del claustro




Destaca el capitel del caballero enfrentado a un gran dragón, similar al realizado por Pedro Quintana en la cercana iglesia de Yermo, lo que ha hecho suponer la relación cronológica y de autoría del claustro.  También podemos ver temas simbólicos, como la lucha de caballeros, lucha de guerreros contra dragones, y la temática profana, con escenas cortesanas, doncellas, saltimbanquis. 

Castañeda Colegiata de Santa Cruz
Cuando llegamos a esta colegiata de Santa Cruz de Castañeda nos ofrece una  sensación de robustez como si de una fortaleza se tratara.  Para comprender como era su imagen primitiva tenemos que abstraernos aunque sea mentalmente de las edificaciones posteriores que rodean al templo románico.  
Se alza sobre una loma y la vemos  todavía vigilante, como si recordara aquellos tiempos del medievo en que se convirtió en centro de operaciones feudales de la comarca. La iglesia fue levantada a principios del XII, como tanta otras de la época en un estilo que estaba influenciado por el románico castellano, es decir,  un ábside central de mayor tamaño acompañado de dos ábsides semicirculares mucho más pequeños.
La fábrica de la nave aunque ha conservado su estructura, se ha renovado posteriormente, además de haber sufrido varias sustituciones y añadidos.  Lo más relevante de estas sustituciones, es la desaparición del ábside lateral izquierdo para construir en su lugar una capilla que el capitán Frómesta mandó levantar.
De la historia de esta colegiata no se conoce absolutamente nada, pues por desgracia su copioso archivo desapareció casi en su totalidad en un devastador incendio ocurrido en el año 1560 y solo por la documentación recogida en algunos puntos de la comarca se ha logrado reconstruir algo de su historia. 
        
Es por esto, por lo que la primera noticia que tenemos sobre la colegiata de Castañeda se remonta al año 1073, cuando por esta fecha ya estaba instalada aquí una comunidad de monjes a cuyo frente estaba su abad llamado Juan que en ese año aparece en un documento de ese año. Pero no se tienen noticias de ningún dato anterior a esa fecha; es decir, que no sabemos en qué fecha se fundó el monasterio que acogería a esa comunidad.
Tampoco son muy explícitas las noticias que transmite otro documento fechado en el año 1120, que cuentan que ya el monasterio estaba presidido por un abad llamado Pedro y que era propiedad de la condesa Jimena Muñoz,  quien lo donaría a la Abadía de Cluny ese mismo año y aquí comenzó a fraguarse la transformación del monasterio en colegiata.
Para acceder al interior de  la iglesia lo tenemos que hacer por una monumental  portada con un grueso muro de casi cuatro metros de espesor.  Esta portada se abre por medio de siete arquivoltas, más el arco de entrada, todo ello sin decoración. 

Apoya el conjunto en cuatro fustes cilíndricos que sustentan a otros tantos capiteles con correspondiente cimacio a cada lado.   Se asienta este conjunto sobre un banco corrido de poca altura. Los ocho capiteles de esta portada están todos tallados aunque por desgracia bastante erosionados lo que dificulta ver con claridad su decoración. En todos ellos se pueden ver parejas de animales donde abundan los leones afrontados y rampantes.
A continuación siguiendo hacia la cabecera, se encuentra la torre prismática, que parece que ha sufrido alguna modificación pues vemos varios trozos de imposta de ajedrezado incrustados en el muro. Esta torre se levanta por medio de tres cuerpos de la misma anchura, donde se abren varias ventanas de medio punto y aspilleras, y en el último podemos ver cuatro ventanas geminadas en cuyos fustes presentan tres capiteles decorados con leones y el otro con la representación de Adán y Eva.
La cornisa de la torre se remata con una buena colección de  canecillos de diversos temas, tanto animales, como bolas, un hombre itifálico, rollos, volutas, etc. 
Continuando el recorrido llegamos a  la sacristía y la capilla de Frómesta, construidas en época posterior y por lo tanto no románicas,  pero por encima de estas podemos apreciar la cornisa del presbiterio sur, en la que aparecen una serie de canecillos decorados entre los que podemos ver parejas de animales,  una mujer sedente,  varios músicos, cabezas humanas, etc.  
Llegamos al ábside central que se articula por medio de tres cuerpos y otras tantas calles.  En cada una de estas se abre una buena ventana de medio punto con arquivoltas de baquetón y dientes de sierra y guardapolvo decorado, que apoyan en columnas cilíndricas con cimacios y capiteles.  Las tres ventabas son iguales y solo cambia las decoración de los capiteles.
La cornisa de este ábside central se sujeta por medio de una serie de canecillos y capiteles en los que han desaparecido los fustes que sin duda tuvieron en el segundo cuerpo y que dividirían el ábside verticalmente en tres calles.
La ventana izquierda del ábside, presenta capiteles decorados con dos leones que se muerden sus cuellos, el izquierdo mientras que el de enfrente lleva bolas y volutas.
En la ventana central solo cambian los motivos de los capiteles, el izquierdo decorado con acantos, cabecitas y volutas, mientras que el derecho lleva animales que se muerden los lomos.
En la ventana derecha el capitel izquierdo se decora con un ave y el derecho con animales de cuello largo y mordiéndose los lomos.
 El ábside lateral derecho es de un tamaño mucho menor, tanto en anchura como en altura y  su cornisa también se apoya en una serie de canecillos decorados, algunos con motivos geométricos como rollos, puntas de diamantes o cavetos, cabezas de animales, animales fantásticos, etc.
 Se articula en una sola calle vertical y dos cuerpos horizontales, separados por una línea de imposta de ajedrezado y sobre la que podemos ver una ventana muy sencilla, de medio punto, sin columnas, capiteles ni arquivoltas.
El interior de la colegiata
El ábside interior es quizá el elemento más importante de la iglesia, es de bóveda de cañón en el tramo del presbiterio y de horno en el semicírculo.
En el cuerpo de en medio se abren tres ventanas abocinadas de medio punto y en el cuerpo inferior podemos contemplar una extraordinaria arquería ciega, con dos arcos a cada lado del presbiterio y cuatro en el semicírculo absidial.
Estos arcos tanto del presbiterio como del ábside apoyan en  capiteles decorados con diversos temas: destacan los leones afrontados, aves, una escena de dos guerreros luchando, todos de muy buena ejecución, especialmente en los cimacios.

Colegiata de San Pedro de Cervatos


Según consta en uno de los sillares que vemos junto a la portada, la iglesia de esta colegiata de San Pedro de Cervatos fue construida entre los años 1129 y 1199, y puede considerarse una de las manifestaciones más puras que podemos encontrar actualmente entre los templos románicos de Cantabria. Se sabe que en el siglo X hubo aquí en Cervatos un viejo monasterio, que a partir del siglo XII se convierte en la colegiata que hoy vemos.  No queda ya nada que recuerde aquel viejo monasterio.

La iglesia, asentada junto a la ladera de la colina que protege por el oeste al pueblo, se compone de un ábside semicircular precedido de un corto presbiterio y una sola nave de tres tramos. A los pies podemos contemplar la  esbelta torre campanario, estructurada en tres alturas, que debe de ser el último, elemento construido, a finales del siglo XII.
La torre se construyó a finales del siglo XII y muestra ventanas apuntadas en sus ocho las troneras, dos en cada lado, y algunas con sus correspondientes columnas con unos buenos capiteles apoyando el arco. 
En el cuerpo de más abajo vemos unas arquerías ciegas también de arco apuntado, tres en  los lados norte y sur y dos en los laterales de la torre, todas con una buena serie de capiteles, entre los que vemos las figuras de Daniel entre leones, un sagitario, un personajes a caballo y temas vegetales. 


En el muro sur se abre una buena  portada principal, que está abocinada  por arquivoltas de arco de medio punto y un original tímpano de tracería, en el que podemos ver tallos y palmetas de clara tradición visigoda y mozárabe. Por debajo corre un friso con parejas de leones afrontados.



En las enjutas de esta portada arco se tallaron relieves de San Miguel Arcángel, con  escudo; San Nicolás, la Virgen con el Niño, un sacerdote, Adán y Eva con el árbol y la serpiente y Daniel entre dos leones.
Por encima de la portada corre una cornisa sujetada por varios canecillos y metopas, con temas alegóricos y animales.


En el ábside, que divide en tres calles y construido con buena sillería, se abren tres ventanas muy similares compuestas por arco de medio punto, arquivolta de baquetón y guardapolvo ajedrezado.  Apoyan sobre fustes cilíndricos que sostienen los capiteles y cimacios.
En estos capiteles es donde los escultores mostraron con toda su crudeza el erotismo. Observamos en la ventana izquierda, en el capitel del mismo lado como una mujer abre impúdicamente sus piernas mostrando su sexo, mientras que en el derecho, un personaje sentado muestra su enorme miembro viril.

Por cierto, en la Colegiata de Cervatos, podemos encontrar el conjunto de canecillos y capiteles con representaciones eróticas más abundantes de toda Cantabria. No parecen encontrarse razones suficientes para que en el exterior de esta colegiata se puedan contemplar con toda su crudeza tales escenas eróticas      y muy pocos conocen el significado de las mismas.

Si por algo destaca la escultura románica de Cervatos por su gran expresividad, con animales monstruosos y motivos apocalípticos, y el tan llamativo carácter obsceno que aquí en Cervatos alcanza un realismo y una expresividad asombrosa.


Colegiata de San Martín de Elines
Si nos remontamos a la historia, parece que el pueblo de San Martín de Elines, se fue formando en torno al viejo monasterio dedicado al santo obispo de Tours, y que  antes de convertirse en la  colegiata que hoy podemos contemplar, allá por el siglo XII era un monasterio mozárabe como lo atestiguan los restos que aún perduran en la galería del claustro que da al cementerio con sus arcos de herradura.


Por un documento fechado en 1102, sabemos que por esas fechas el monasterio mozárabe se encontraba en estado de ruina. Y en el siglo XIII sin que se sepan las causas los monjes tuvieron que abandonar el monasterio, con las obras ya empezadas y hubo que esperar a que una orden de canónigos instalada en el monasterio terminara las obras. 
La colegiata de San Martín de Elines, se puede considerar como una de las iglesias románicas más bellas de la región cántabra.  Por el exterior se presenta como un edificio de una sola nave, precedida de un crucero y un ábside semicircular canónicamente orientado, como era preceptivo en todos los templos románicos.
El ábside semicircular  está dividido en tres calles o lienzos por medio de contrafuertes que acaban en capiteles a la altura de la cornisa, delimitando el espacio de cada calle. En cada calle se abre una elegante ventana  dentro de un arco ciego con arquivolta de baquetón que apoya a su vez en buenos capiteles coronado todo por un guardapolvo decorado con flores.  La cornisa de este ábside se sustenta con una buena colección de canecillos iconográficos y figurados.
Destaca la linterna que sobresale sobre la cubierta de la nave y la cabecera, construida con buena sillería y en la que abre un óculo en el muro oriental.  Corona esta linterna una cornisa sostenida por varios canecillos de temas muy variados.
La torre cilíndrica recuerda a las torres de Santillana y de Frómista y se sitúa entre el muro de la nave y el presbiterio.  Hace las veces de campanario al que se accede por el interior mediante una escalera de caracol en la que podemos ver numerosas marcas de cantero.  Tres aspilleras dan luz a la torre y la escalera.  La parte superior de esta torre fue renovada den el siglo XVI.

Una extraordinaria cornisa sostenida por más de veinte bellos canecillos decorados con diferentes temas iconográficos, corona el muro sur, en el que se abren dos vamos de aspillera de marco de medio punto


El claustro ya una construcción del siglo XVI y en él se usaron elementos reutilizados.  Es un pequeño museo en el que podemos ver desde tapas de sarcófagos hasta pilas bautismales que el párroco ha ido depositando aquí y que pertenecieron a otras iglesias abandonadas.  


También vemos un Sarcófago del caballero peregrino. En la tapa del sarcófago tenemos la fecha: Año del señor 1231 y una espada. ANNUS DOMI XCCXXXI.  En el centro de la parte frontal vemos la imagen  de un  pantocrátor rodeado por la mandorla.  El sarcófago está apoyado en dos basas, una con dos perros y la otra con un león.  

En el muro oeste nos encontramos con  la puerta que da acceso a la iglesia desde el claustro actual.  Se abre con un arco de medio punto decorado con dos arquivoltas de baquetones, que apoyan en columnas coronadas por capiteles muy simples de motivos vegetales. Por encima corre el guardapolvo de media caña.





San Román de Escalante

La pequeña ermita de San Román de Escalante está una construcción realizada en mampostería con refuerzos de sillares en las esquinas y los vanos, lo que le da exteriormente un aspecto demasiado humilde que en ningún caso permite imaginar lo que nos vamos a encontrar en su interior.



Se trata de una edificación  de una sola nave, que al exterior no presenta contrafuertes ni en el semicírculo absidial ni en el presbiterio.  En el muro sur se abre una sencilla puerta dovelada de arco de medio punto que descansa sobre cimacios con decoración de entrelazos. Por debajo se han colocado simples jambas sin capiteles ni fustes.


El ábside y el tramo recto por el exterior se han realizado por completo en mampostería y en ellos vemos una cornisa apoyada en una serie de canecillos bastante rudos y populares, decorados con motivos geométricos, figuras humanas y animales.



En el interior el arco triunfal presenta dos arquivoltas de las que la interior descansa sobre un conjunto de fustes capiteles y  cimacios con buena decoración.  En la columna izquierda vemos un cimacio con flores octopétalas inscritas y el capitel lleva cuatro leones afrontados.


La columna derecha lleva cimacio sin decorar y solo dos bolas en los ángulos.  El capitel nos presenta la escena de Descendimiento de Cristo, donde éste aparece con el brazo derecho ya desclavado, mientras un personaje arranca el otro clavo con unas tenazas.



Las columnas del arco triunfal apoyan sobre un banco que recorre el presbiterio donde aparecen otras dos columnas, de las cuales, la izquierda nos presenta un capitel con un motivo que quizá sea el único en el románico cántabro, yo al menos no lo visto en ninguna otra iglesia. 




Se trata de una superposición de tubos, que algunos llaman moçárabes.  El cimacio tiene una decoración bastante curiosa en la que vemos una figura de mujer puesta horizontal, cosa que tampoco he visto en ningún otro sitio,  pero lo que realmente destaca es la estatua-columna que representa a la Virgen con el Niño.


En la columna de la derecha se nos presenta un cimacio decorado con cabezas humanas en los ángulos y bolas con caperuza y aves en los laterales. El capitel muestra una escena de la Matanza de los Inocentes; donde aparecen varios soldados en el momento de matar a los niños y a unas mujeres agarrándose los cabellos. 



 Este fuste también tiene tallada una figura, parece un monje con capa, barbado y  con un libro abierto en las manos, y aunque hay diferentes versiones, no se sabe con exactitud a quien representa.





La ventana central del ábside es de medio punto, aunque bastante deteriorada. Tiene una arquivolta  ajedrezada al comienzo y al final,  pero en el resto aparecen una serie de aves.   La arquivolta interior se decora con baquetón sobre el que aparecen una serie de arquillos, descansa sobre capiteles decorados, el izquierdo dos leones con cabezas afrontados y el derecho con bolas de  motivos geométricos.




Santa María de Piasca

Esta iglesia en su origen fue un monasterio que puede remontarse a los siglos VIII o IX, cuando la abadesa Aylo estaba al frente de una comunidad dúplice en el año 941.  En el siglo XII ese viejo monasterio fue sustituido por la iglesia que hoy contemplamos, dedicada a Santa María, según podemos ver en la inscripción que hay junto a la portada del hastial occidental que cita la bendición del templo el 21 de febrero de 1172.


En 1439, según esa misma inscripción, se reformó y restauró el templo en sus naves y ábsides, por lo que solo persiste la parte baja de los ábsides, los capiteles y canecillos y las dos portadas en los muros occidental y sur. Por esta misma lápida sabemos que la dedicación de la iglesia la ofició el obispo Juan de León y el maestro que la construyó fue Covaterio.


El templo lo conforman tres naves, la central más ancha que las laterales.  Solo quedan dos ábsides semicirculares al exterior, el de la parte izquierda desapareció y en su lugar hoy podemos ver una sacristía.
Se accede al interior por medio de dos portadas: la principal se abre en el muro occidental  y otra puerta más pequeña se abre en el muro sur.  Se puede decir que estas dos portadas es lo más destacado del templo, tanto por la calidad de sus tallas como por su iconografía.


La portada principal situada en el hastial oeste de la iglesia se abre mediante una serie de arquivoltas cubiertas por un guardapolvo de zarcillo con una moldura por debajo. Las arquivoltas  primera y tercera llevan  decoración vegetal de hojas de acanto, la segunda arquivolta no lleva decoración y es la cuarta la que presenta una decoración mucho más notable.


 

 Vemos al principio un león, un guerrero con escudo y lanza,  varios músicos tocando un arpa, otros músicos tocando un instrumento no identificado,  motivos vegetales, la cabeza de un perro, una cabeza de un personaje que parece un monje, otra cabeza de un hombre y otro león.


Estas arquivoltas  se sustentan en unos cimacios decorados con zarcillos la mayoría, bajo los que corre una serie de capiteles de una primorosa ejecución; empezando por la izquierda vemos un animal fantástico, dos centauros afrontados, la lucha de un grifo con otro animal fantástico, y la despedida del caballero.  A la derecha de la portada vemos dos aves y un león, dos grifos enfrentados, motivos vegetales, posible Anunciación, y acantos.  En una columna vemos la imagen de San Miguel con el dragón.



Sobre esta portada se abre una galería dividida en tres partes por medio de fustes cilíndricos con sus capiteles decorados y en cada espacio vemos las estatuas de San Pedro, al que se distingue por las llaves, La Virgen con el Niño y San Pablo, con un libro.  Las figuras laterales son románicas, pero la central de la Virgen que ya es del siglo XVI.


En el muro sur se abre la puerta que daba acceso al claustro, llamada la de El Cuerno que a pesar de ser mucho más pequeña que la principal también tiene una iconografía muy interesante. Tiene dos arquivoltas de medio punto, de las que la exterior lleva una decoración vegetal de hojas de acanto y en la interior podemos ver varias escenas.





Los temas de esta arquivolta son;, dos hombres, un personaje sentado con un y a su lado un ángel, dos hombres cosiendo una túnica, dos músicos tocando el rabel, monjes con capuchas y por último la escena que atrae mucha polémica, unos ven a una Celestina que empuja a una mujer a besarse con su pareja y otros ven a dos personajes que parecen masculinos besándose.




Los capiteles y cimacios de esta puerta destacan por su belleza y esmerada elaboración, a la izquierda vemos una escena de caza con un jabalí y un perro, con un personaje clava una lanza al primero. También vemos en los cimacios diferentes animales fantásticos como grifos y basiliscos.





El ábside central no tiene nada que ver con el original, que tenía tres ventanas que fueron tapiadas, destaca, los capiteles, metopas y canecillos con una iconografía muy variada y bella donde se pueden contemplar grifos, sirenas, bailarinas, luchas de centauros un águila con una serpiente, arpías, ciervos, músicos y una representación del sacrificio de Isaac.                 


En la única ventana que se abre en este ábside central vemos una arquivolta con el arco algo apuntado pero de una bellísima decoración, con un centauro luchando con un basilisco, un animal fantástico luchando con un león, varios grifos, etc.





Santa María de Bareyo

Esta iglesia de Santa María vemos que ha sufrido numerosas reformas que han desvirtuado bastante su planta original, pues en el siglo XVI se le añadió una capilla y la sacristía que podemos ver junto al ábside. También son añadidos, una pequeña capilla junto a la puerta, las bóvedas de la nave y la torre actual que ya fue edificada en pleno siglo XX.


Por el exterior, casi lo único que queda de románico, es su magnífico ábside, en el que podemos admirar su doble ventana central y otras dos ventanas en las calles laterales que aunque más monumentales su ornamentación es bastante pobre.  Se abren por medio de un arco de medio punto rodeado por dos arquivoltas que descansan en fustes y capiteles, destacando el gran abocinado de éstas.


 La ventana central como hemos dicho, es doble, por lo que sus dos arcos también de medio punto descansan sobre cuatro columnillas cilíndricas en los laterales mientras en el centro vemos el fuste doble que sustenta el capitel.  Los capiteles, cinco en total son todos de una labra bastante sencilla.  Se cubre el conjunto con un guardapolvo decorado con puntas de diamante.


La ventana que ocupa la calle norte es la más sencilla de las tres, pues se trata de una simple aspillera sin ninguna decoración. Por encima de estas ventanas corre una cornisa que se sustenta con un par de capiteles y una serie de canecillos con temas de animales, figuras humanas en actitudes obscenas, bolas con caperuza,



Por el interior el ábside se cubre con bóveda de horno, bajo la que vemos dos arquerías ciegas que quizá sea lo más interesante de la iglesia.  La arquería superior lleva arcos peraltados y en sus capiteles predominan los motivos vegetales.  Lo más original de esta arquería es la escultura de un personaje que vemos en una columna de una talla demasiado rústica y vestido con ropas cortas y con las manos unidas por delante.



A su lado vemos un capitel en el que representa el Pecado Original, y en él podemos ver a Adán y Eva, que se cubren con el árbol situándose la serpiente entre ellos.  Los capiteles de al lado, son mucho más sencillos con temas vegetales y de bolas con caperuza.



 En la arquería baja predominan las cabezas humanas, algunas colocadas por encima del cimacio del capitel. Hay quien dice que representan a apóstoles por su rostro sereno y un obispo con su mitra característica.  De todos estos arcos, destaca el central con una bella decoración de rosetas octopétalas.


Pero hay una pieza que destaca sobremanera entre todos los elementos de esta iglesia; es su impresionante pila bautismal que vemos en una dependencia anexa, con la copa tetralobulada y gallonada en su parte interior.  Los cuatro temas tallados en los frentes, son, entrelazos, palmetas, palmetas y tallos entrelazados y entrelazos de cestería.








En el pedestal que hace de base se ven dos leones acostados con un brazo humano entre sus fauces  y por debajo, una cabeza también  humana entre ellos.  La pila aún conserva parte de la policromía que tuvo en origen y que todavía se puede apreciar parcialmente.